Poncio Pilato fue un miembro del orden ecuestre y quinto prefecto de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36 d.C., por lo que los evangelios canónicos lo presentan como responsable ejecutivo del suplicio y condena a muerte de Jesús de Nazaret.

De acuerdo a la biblia, Poncio Pilato se lavó las manos después de condenar a muerte a Jesús (Lucas 23,1-25), por lo que los científicos lo interpretan como una actitud humana para evitar justificaciones propias y ajenas, según concluye una investigación de la Universidad de Michigan.

Estudio científico

El estudio consistió en pedir a 40 voluntarios que eligieran entre dos opciones muy atractivas: un viaje a París y otro a Roma, separandolos en dos grupos (grupo Roma y grupo París). El grupo Roma fue dividido en dos partes. A la primera parte del grupo Roma se les pidió justificar su decisión de elegir Roma, por lo que los voluntarios destacaron los puntos positivos de su decisión como “Roma tiene más monumentos históricos, etc”. A la segunda parte del mismo grupo Roma se les pidió que se lavaran las manos después de realizada la elección. El resultado fue que aquellos que se lavaron las manos sintieron que no tenían por qué justificar su decisión. El mismo procedimiento se realizó con el grupo París y se obtuvo los mismo resultados.

“Se habían lavado la necesidad de justificar la decisión que habían tomado”, explica el responsable del estudio, Spike Lee.

Es como si lavarse las manos hubiera contribuido no sólo a su limpieza física sino también a su limpieza moral”, menciona Lee.

Otros estudios

Un estudio anterior de la Universidad de Toronto tuvo conclusiones parecidas con procedimientos distintos. En su estudio se pidio a un grupo de personas que pensaran en algo que les resultara realmente vergonzante o algo de lo que se sintieran muy orgullosos. A continuación se les pidió que jugaran a un juego de palabras. Los resultados indicaron que aquellos que pensaron en situaciones vergonzantes fueron más proclives a utilizar palabras como “jabón” o “ducha” en el juego.

Los investigadores concluyeron que las áreas del cerebro que se ocupan de la limpieza física del cuerpo se une con las áreas que trabajan en la pureza psicológica de la mente.

La vinculación entre el acto de lavarse las manos y la purificación de la culpa tiene un fuerte arraigo en diversas religiones, incluido el cristianismo. Por ejemplo, el agua sirve para “borrar” el pecado original del recién nacido en el bautismo. En el Islam, la ablución (acción de lavarse) limpia los planos físico y espiritual del individuo antes de la oración.

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